De acuerdo con un estudio publicado en enero pasado por la revista Harvard Business Review, las parejas homosexual tienen una mejor calidad de vida comparada con las parejas heterosexuales. Esto se refleja en una mejoría en cuanto al cuidado de los espacios públicos en las zonas donde se concentra un mayor número de ellas, mejorando así la calidad de esas áreas, al mismo tiempo que aumenta el valor de las propiedades inmobiliarias.

El enfoque del artículo está centrado sobre todo en la perspectiva de los agentes de bienes raíces, quienes se han visto beneficiados por este “efecto secundario”. De acuerdo con los resultados del estudio de revista de Harvard, el metro cuadrado de las propiedades en las zonas donde es mayor el número de parejas homosexuales aumenta de manera proporcional con el crecimiento de esta población.

El motivo es en apariencia muy simple ya que, de acuerdo con el artículo, estas parejas suelen tener gustos más refinados y muestran una mayor preocupación por el cuidado de las zonas en las que viven, lo cual de alguna forma tiene un impacto en los demás habitantes del lugar, quienes pronto comienzan a modificar sus propias costumbres para amoldarse poco a poco a una nueva manera de cuidar el espacio.

El resultado de todo esto es que se cuenta con calles más limpias, prados más verdes y vecinos más amables. En conjunto, esto se traduce en una mejor calidad de vida para todos, lo cual atrae cada vez a más personas que desean trasladarse a esas zonas. Por ello, los agentes inmobiliarios se ven beneficiados, ya que pueden aumentar los precios de las propiedades.

El estudio cuenta, sin embargo, con una objeción y es que al menos en el citado artículo no se especifica de manera concreta lo que significan una “mejor calidad de vida” y “gustos más refinados”, de manera que es posible tener un grado de interpretación relativamente alto al respecto.

El aumento de los precios no ocurre en todas las zonas de una ciudad donde vive una pareja homosexual, sino que se limita a aquéllas en que la tolerancia y el grado de aceptación a estas parejas es mayor. En los barrios donde las personas son más conservadoras el valor de las propiedades no aumenta, ya que la gente presenta una mayor resistencia a considerar a estas parejas como parte de su comunidad y, por tanto, a adoptar algunas de sus costumbres.

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